"Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo." "El Aleph", J. L. Borge s Dante, el gran héroe del Renacimiento, el-Hombre-en-el-centro, es guiado por el poeta romano Virgilio a través del Infierno y del Purgatorio. Pero este le abandona su mano en la entrada del Paraíso; el guía por ser profano tiene prohibida la entrada. A partir de allí al italiano lo conducirá su amada y esperada Beatriz, donde en la misma tónica de fan que mantiene en todos los cielos conocerá a los personajes de la Biblia. Un clásico no tiene spoilers: en el último canto-el XXXIII del Paraíso- Dante ve a Dios. Ve la luz más suprema conocida que le parte los ojos como un rayo hasta que lo hace doler, le entumece los músculos oculares. Ve el número tres partido en colores, continentes, figuras geométricas, se le nubla su vista y ve la nebulosa antes de imaginarla y comprobarla. Pide que su lengua siga funcionando p...
Los Redondos fueron mi segunda herencia. La primera fueron Sui, Serú, Charly, Almendra, Queen o Los Beatles por mis papás (sobre todo mi mamá). Los domingos se teñían de los sonidos de sus long-plays . La segunda fue cuando mi hermano mayor terminó la secundaria y dejó su remera de los stones, su flequillo, su campera de corderoy y su collar de telita arrancada para ser parte de otra religión. Tuvo que renunciar a sus pecados anteriores y me los quedé yo. Así es que, desde primer año, cuando volvía de la escuela agarraba uno de sus casettes o CDs, lo ponía en la compactera y miraba al techo y así pasaban las horas... no había reels, tiktoks ni otras distracciones más que la música y yo. De la mano de esos objetos de segunda mano había encontrado un lenguaje que no era el de las viejas generaciones familiares, sino uno que era nuevo para mí y tenía que descifrar. Así descubrí qué era un acorde; cómo sonaba cada instrumento, por qué una banda es una comunidad y formé en esos a...
Cuando era chica en el horario de la noche, mi mamá después de trabajar en el estudio y de trabajar haciéndonos la comida a mis hermanos, a mi papá y a mí exigía su momento de paz. Este implicaba el ritual de ponerse un camisón y sentarse frente a la TV: agarraba el control remoto al que llamaba "control de la situación" porque quien lo tenía decidía qué se veía -una disputa entre mi madre y nosotros sus hijos que queríamos ver dibujitos animados. Mi papá se ubicaba fuera de la discusión porque no veía televisión; le decía a este objeto "el sorete", tipo "apaguen el sorete"-. A esa hora mi mamá ponía Showmatch o alguna novela de Polka. Yo la acompañaba y aprehendía la sensualidad genérica del desnudo de vidriera de esas modelos, bailarinas y mediáticas y también aprendía qué era el amor a través de esas novelas románticas (aunque Crismo hizo su trabajo), pero al mismo tiempo algo me repugnaba de esos programas: la cortada de polleras de Tinelli o el amor ...
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