Inventar un nuevo lenguaje cuando el futuro es todo un palo
Los Redondos fueron mi segunda herencia. La primera fueron Sui, Serú, Charly, Almendra, Queen o Los Beatles por mis papás (sobre todo mi mamá). Los domingos se teñían de los sonidos de sus long-plays . La segunda fue cuando mi hermano mayor terminó la secundaria y dejó su remera de los stones, su flequillo, su campera de corderoy y su collar de telita arrancada para ser parte de otra religión. Tuvo que renunciar a sus pecados anteriores y me los quedé yo. Así es que, desde primer año, cuando volvía de la escuela agarraba uno de sus casettes o CDs, lo ponía en la compactera y miraba al techo y así pasaban las horas... no había reels, tiktoks ni otras distracciones más que la música y yo. De la mano de esos objetos de segunda mano había encontrado un lenguaje que no era el de las viejas generaciones familiares, sino uno que era nuevo para mí y tenía que descifrar. Así descubrí qué era un acorde; cómo sonaba cada instrumento, por qué una banda es una comunidad y formé en esos a...