Alienación y dosis de felicidad en El descontento de Beatriz Serrano
Cuando era chica en el horario de la noche, mi mamá después de trabajar en el estudio y de trabajar haciéndonos la comida a mis hermanos, a mi papá y a mí exigía su momento de paz. Este implicaba el ritual de ponerse un camisón y sentarse frente a la TV: agarraba el control remoto al que llamaba "control de la situación" porque quien lo tenía decidía qué se veía -una disputa entre mi madre y nosotros sus hijos que queríamos ver dibujitos animados. Mi papá se ubicaba fuera de la discusión porque no veía televisión; le decía a este objeto "el sorete", tipo "apaguen el sorete"-. A esa hora mi mamá ponía Showmatch o alguna novela de Polka. Yo la acompañaba y aprehendía la sensualidad genérica del desnudo de vidriera de esas modelos, bailarinas y mediáticas y también aprendía qué era el amor a través de esas novelas románticas (aunque Crismo hizo su trabajo), pero al mismo tiempo algo me repugnaba de esos programas: la cortada de polleras de Tinelli o el amor ...