La ficción del ahorro de Cármen Cáceres: un relato de la inestabilidad criolla
La ficción del ahorro de Cármen M. Cáceres es una novela en la que se realizan acciones ridículamente seguras en medio de una atmósfera de inestabilidad: esa palabra que vuelve cíclicamente como un elemento ominoso en la realidad nacional. Acciones seguras como esconder fajos de dólares abajo de la ropa y llevar una mochila de engañabobos, probarse la vestimenta de una muerta, irse a estudiar a Capital como un sueño profundo de ascenso social. Pero la inestabilidad es la estabilidad de este país y del proyecto provincial en la Misiones en la que está ambientada la novela, aunque las diferencias entre las capas sociales sean muy sólidas: tiene pileta/ no tiene plieta; tiene techo de chapa/ tiene casa de material. La ficción del ahorro también es porque en última instancia es eso, una ficción; nada real. En Argentina no se puede ahorrar.
Pienso cómo leerían afuera esta novela porque su lectura requiere un trabajo de reposición. Ernest Hemingway tenía su "Teoría del Iceberg" que se expandió a otros autores estadounidenses. En ella se proclama la escritura de la superficie, solo se cuenta lo poquito que se puede ver encima del agua. El lector tiene que reponer todo lo que sostiene al relato y que se encuentra en su profundidad. Por eso su literatura está colmada de diálogos que suponen un pasado que tenemos que imaginar. John Cheever y Raymond Carver son herederos de esta tradición. Pero también el cine, como disciplina del diálogo silencioso, de la conversación entre las cosas que se pueden ver y escuchar que entran en el cuadrado de la pantalla.
El cine argentino es una de las grandes expresiones de esta "Teoría del Iceberg" en su versión criolla. Y uno de sus mayores exponentes es el Nuevo Cine Argentino surgido a finales de los 90's y a principios de los 2000, con su epicentro en la última gran crisis para este país de inestabilidad constante: el 2001. Como esa escena repetida típica de cualquier película argentina que encontramos a las 15 H un sábado o domingo en canal Volver o Incaa TV donde hay, muy probablemente, dos mujeres, muy posiblemente familiares que hace mucho no sacan a relucir un secreto. Por alguna vicisitud deben viajar a su pueblo de la infancia. Esas películas suceden en los grandes silencios de las rutas, allí está la trama. Y también suceden en nuestra pantalla en el largo silencio de la tarde. O como las películas de Lucrecia Martel en las que los diálogos más estruendosos están en el ruido de los ventiladores que suenan fuerte en medio de la siesta provinciana, como en La ciénaga (2001).
Un relato de tan particular puede volverse universal. La inestabilidad se expande como una noche oscura que apaga las luces del mundo y también las hace parpadear de forma intermitente hasta que dejan de funcionar. Como un corte de luz en verano. Quizás haya muchas provincias como Misiones en otros puntos del planeta y también familias en claro descenso social escondiendo fajos de billetes decadentes en bolsitas atadas con cinta scotch abajo de la remera. La novela logra transmitirnos la ansiedad de quienes saben que están por perderlo todo.
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