Trotsky sobre sí mismo y las pasiones sociales
Entré a la biblioteca que me llevé en mi Ebook de vacaciones y me decidí por el intento autobiográfico de León Trotsky. Quería algo que muestre la relación entre la vida y la política y no me decepcioné.
Estas extendidas 500 páginas fueron escritas con dos objetivos mientras el revolucionario ruso se encontraba en su primer año de exilio de la Unión Soviética, en Constantinopla. Por una parte, buscaba hacer unos mangos ya que había sido propuesta de unas editoriales y había que sobrevivir a tan adversa situación, por otra parte, el autor necesitaba desmentir todas las calumnias del stalinismo. Por este motivo, esta es una escritura de testificación que hace especial foco en la relación con Lenin y en dilucidar distintos hechos, empezando por los del tren del Ejército Rojo comandado por Trotsky, tiempos en los que el Pepe Stalin ya había empezado con sus mentiras, la lucha política con el menchevismo, entre otros. Asimismo, da cuenta de los errores y problemas objetivos de la situación mundial y dentro de Rusia que llevaron al ascenso de estos personajes que luego constituirían la burocracia de Partido y de Estado en la Unión Soviética. Pero sobre todo, da cuenta como dice en su testamento que podría haber corregido tal o cual cosa, pero en general su vida habría sido igual: la de una persona siendo empujada por la época a tomar esas decisiones. Una forma de decir "fui yo pero podía haber sido cualquiera".
El libro muestra bien el talento de este escritor que hizo libros, diarios, pero sobre todo tuvo la revolución como su principal profesión. El capítulo del tren es cinematográfico: la lectura se mueve como en un plano secuencia sobre los rieles. Este texto también es una literatura de aventuras, de alguien que pasó por distintos países e idiomas pero siempre con los objetivos bien claros.
En este sentido, la historia que comienza con la niñez familiar de Trotsky y termina en el exilio errante expone autocríticamente sus aciertos y sus errores. Es un texto explicativo de diversas decisiones tomadas en determinados momentos. Estos errores están generalmente relacionados con no dar las peleas en los momentos oportunos (o seguir insistiendo cuando ya estaba más que finalizada). Por ejemplo, cuando al hacer la revolución, Lenin le propone a Trotsky que presida la URSS y este se opone porque estaba muy cansado, aunque -nunca menos- se fue a dirigir el Ejército Rojo. Como diría en su testamento, le hubiera gustado corregir tal o cual error pero nunca se arrepentiría de ser "un ateo irreconciliable". Esto significa no tomar nada nunca como "dado".
En el exilio previo a la Revolución de 1917 sentenciada por el zarismo, Trotsky llega a Nueva York donde vive unos dos meses. En esa estancia describe a esta ciudad admirado por su modernidad pero también como un lugar donde prevalecían las emociones individuales antes que las pasiones sociales. Es una viceversa de la vida autorelatada en este libro: no se le conoce un romance, un enojo, una tristeza que no sea impulsada por estas conmociones sociales. Hasta los retratos de sus personas más cercanas como Natasha Sedova, sus hijos, o camaradas rusos e internacionales como Rosa Luxemburgo y hasta el mismo Lenin parecen relaciones estrechas empujadas por la misma necesidad política. Sobre sus primeras sospechas alrededor de Stalin, Trotsky describe que jamás dejaba llevar sus relaciones políticas por apreciaciones individuales. Y que normalmente intentaba evitar todo lo que fuera -como decimos en la jerga militante- "rollo". Lo interesante del texto es que muestra al hombre inserto en la Historia con mayúscula, con sus aspectos evitables y otros inevitables.
Pero en nuestras épocas el tono que vio Trotsky en Nueva York es el que tiñe el mundo. Las emociones individuales llegan al punto de ser un arma letal cuando las pasiones sociales se encuentran retraídas. Es entendible este contraste pasando de Rusia a Estados Unidos: en Rusia se discutía entre las masas de obreros y campesinos cómo hacer la revolución y la literatura marxista era común. En Norteamérica existían otras complejidades características del imperialismo en ascenso. Ya notaba el autor que el racismo era un problema estructural de ese país. Años después, Trotsky dedica un artículo en el que eleva el imaginario sobre cómo quedaría el mundo si hubiera una revolución allí.
Leí este libro mientras en los diarios veía las noticias sobre los enfrentamientos en Minneapolis contra el ICE, la Gestapo antilatina. Los testimonios y las crónicas cuentan desde adentro cómo se constituyen las acciones comunitarias para resistir a estas bandas. Después de muchas décadas se empieza a discutir en la clase obrera norteamericana la idea de una huelga general. Las familias se organizan para llevar comida a los latinos que tienen miedo de salir de sus casas. Los estudiantes marchan junto a sus docentes a pesar del frío seco de enero. Los lazos comunitarios se constituyen en una verdadera pasión social que casi siempre se enmarcan en el buen sentimiento que es el odio a los enemigos de clase.
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